Traduction effectuée par Irina Chaveco
En estos días en que nos acercamos a la Semana de Europa, una semana que contiene dos aniversarios, el del 8 de mayo de 1945, fin del Tercer Reich, y el del 9 de mayo de 1950, fecha del discurso fundacional de Robert Schumann, ¿cómo hablar de Europa hoy en un mundo convulso, en el que se reconfigura el equilibrio de poder, en el que el destino de Europa está marcado por el retorno de la guerra y por eslóganes extrañamente hostiles que expresan el «odio de Occidente»?
No se trata aquí de añadir, a las muchas otras, una profesión de fe en Europa, aunque nuestras convicciones europeas sean férreas. Se trata más bien de adoptar la visión particular que el plurilingüismo como filosofía ofrece de Europa y del mundo, porque no podemos hablar de Europa sin hablar del mundo.
Una cuestión de «punto de vista»
Es solo un «punto de vista» en el sentido en que Leibniz explicó el concepto de mónadas como otros tantos espejos del mismo universo, cada espejo con su parte de universal1. Reformulado por Nietzsche, esto sería «no hay hechos, solo interpretaciones»2, lo que ciertamente no significa que la realidad no exista y que todas las interpretaciones sean válidas. Para Kant, «caminar hacia un sentido común, es decir, hacia nuestra humanidad, implica pensar poniéndose en el lugar de cualquier otro ser humano»3. Humboldt dio su versión lingüística al ver en cada lengua una visión del mundo o, si se prefiere, un punto de vista sobre el mundo4. Pero Vico, mucho antes que él, ya había emprendido este camino al explicar la variedad de lenguas por la diversidad de experiencias histórica5. Sin agotar estas referencias bastante familiares, también podemos reproducir las palabras de un anciano de la tribu navajo: «Si no respiras, el aire no existe. Si no caminas, la tierra no existe. Si no hablas, el mundo. no existe»6. Todo está dicho.
Esta introducción tiene un corolario. La comprensión interpersonal o intercultural no es algo evidente. Tanto la comprensión como la producción de pensamiento a través del lenguaje son procesos7. Y la razón fundamental de que esto sea así es que «la reflexión nunca tiene bajo su mirada el mundo entero y la pluralidad de mónadas desplegadas y objetivadas, y nunca tiene más que una visión parcial y un poder limitado»8.
Dominique Wolton en un ensayo reciente, sin referencia filosófica, ha desarrollado esta idea a través del concepto de incomunicación9 y describe Europa como un formidable proceso de aprender a comprender al otro a través de la negociación.
Volver a las raíces
Para dar al tema una cierta profundidad histórica, nos gustaría retomar el hilo de nuestro último editorial Europa sin orillas y la circulación mundial de las ideas. En él se abordaba un periodo histórico comprendido entre los siglos VIII y XV en torno al Mediterráneo, un periodo visto desde un ángulo muy poco desarrollado en los programas escolares y, sin embargo, esencial para comprender la historia de Europa y del mundo.
¿Cómo recuperó Europa la herencia de la Antigüedad griega? ¿Cómo asumió esta herencia la religión cristiana, dominante en el espacio europeo? ¿Cómo condujo esta herencia al periodo que se describe como Renacimiento? Sabrán disculpar la síntesis. Del siglo VIII al XIII, el mundo islámico, cuyo imperio, aunque fragmentado, ocupaba todo el norte de África hasta el África subsahariana, se apropió de los eruditos y filósofos griegos. Los eruditos, filósofos y teólogos musulmanes hicieron algo más que apropiarse de esta herencia. La tradujeron o la hicieron traducir (los traductores eran generalmente judíos y cristianos), la analizaron, la comentaron y la criticaron. Para Europa, el punto culminante fue el comentario de Averroes (Ibn Rushd) sobre Aristóteles. La principal cuestión filosófica durante estos cinco siglos fue la relación entre la ciencia y la razón, por un lado, y la fe, por el otro. Para Averroes, no puede haber contradicción y el mensaje que extrae del Corán es que el conocimiento acerca a Dios. La traducción se hizo primero del griego al árabe y luego del árabe al latín tras la reconquista de Toledo por los cristianos. Luego de la caída de Córdoba en 1236, el movimiento de traducción se aceleró y monjes del Norte acudieron a Toledo para descubrir la herencia griega y a Aristóteles. La escolástica medieval se nutrió de esta herencia y si los maestros de la escolástica, en primer lugar Tomás de Aquino, combatieron como herejes el movimiento de ideas llamado por simplificación averroísmo, la cuestión filosófica era casi la misma que en la época islámica, y se refería a la relación entre la verdad científica y la verdad religiosa. Otro movimiento de traducción estaba en marcha en Italia, en Apulia, pero con la caída de Constantinopla en 1453, los eruditos griegos huyeron en masa a Italia con los manuscritos originales o lo que quedaba de ellos, y pudo desarrollarse la traducción directa de las obras griegas al latín. No es casualidad que la efervescencia intelectual y artística resultante en Italia desembocara en el Renacimiento italiano y, posteriormente, en el Renacimiento francés. Con el Renacimiento, las ciencias prosiguieron lentamente su emancipación de la religión. No hay ninguna garantía de que este movimiento llegue a su fin, como lo demuestra el hecho de que cuestiones como las que plantea la teoría de la evolución se impugnen ahora en nombre de la religión en algunos sectores y se prohíba su enseñanza en algunos estados de Estados Unidos. Sin embargo, no son más que la continuación de debates que tienen más de mil años.
¿Por qué es importante volver sobre este periodo histórico que parece tan lejano? No solo porque los debates de entonces son cercanos a los que conocemos hoy, sino también porque el notable «progreso» de la mente humana, del «entendimiento humano» por hablar como Locke o Leibniz, tuvo lugar en un entorno plural, un entorno plurilingüe con intensos intercambios interculturales.
Está claro que las guerras de religión, y las Cruzadas en particular, no impidieron la circulación de las ideas. Europa no existía en la mente de los hombres y, si puede reconstruirse a posteriori, se trataba efectivamente de una Europa «sin orillas». Es importante retroceder aún más en el tiempo, hasta el florecimiento intelectual de la antigua Grecia y el nacimiento de la filosofía. Se dice que la identidad europea es cristiana y grecolatina. En una primera aproximación, nadie lo duda. Pero nadie parece cuestionar cómo se originó la filosofía en Grecia entre los siglos VI y IV a.C. La interrogante no es anodina porque entender cómo la civilización pudo pasar de la invención de la escritura en Mesopotamia a la aparición de la ciencia y la filosofía es un verdadero reto10. En general, se coincide en que fue la fusión del conocimiento práctico heredado en gran medida de Mesopotamia y del Egipto faraónico con el hábito y el gusto por el debate público en la República ateniense lo que favoreció el paso del conocimiento práctico a su teorización y, posteriormente, a la capacidad del pensamiento ateniense para analizarse a sí mismo y adquirir su autonomía del asidero del cosmos y los dioses. Las distintas dimensiones de la realidad humana (historia, cultura, lenguaje, política, geopolítica, economía, mentalidades y pasiones) se convirtieron en objeto de estudio, lo que anticipó las ciencias humanas tal y como las conocemos hoy11. Es importante subrayar que este movimiento, que alcanza a toda la cuenca oriental del Mediterráneo, no puede entenderse sin la aportación inicial de Mesopotamia y el antiguo Egipto.
Hay que señalar que fueron los conquistadores de Grecia, los romanos, quienes recuperaron el patrimonio de sus colonizados y que fueron los nuevos conquistadores de todo el Mediterráneo oriental y del norte de África, los árabes, quienes a su vez captaron este patrimonio, muy presente en las tierras conquistadas, lo que no impidió que el califa Al-Mamûn enviara una misión a Constantinopla para obtener manuscritos y enriquecer su biblioteca en la Casa de la Sabiduría que, a mediados del siglo IX, constituía la mayor colección de libros del mundo.
El esencialismo, una amenaza permanente
Une Otra observación que puede hacerse en este nivel de análisis es el hecho de que no existe una esencia europea, como tampoco existe una esencia árabe, africana, china o india. Para algunos, esto puede parecer obvio, pero es importante extraer todas las consecuencias. Así, elegir como títulos de los capítulos de una muy buena historia mundial de la filosofía los términos filosofía griega, romana, euroccidental, rusa, india, china, es hasta cierto punto un abuso del lenguaje. El autor habla con razón de filosofía en el islam y no de filosofía islámica. Además, el autor aporta algunas precisiones muy interesantes sobre la filosofía rusa: «El mundo grecobizantino primero, y luego Europa occidental, son las dos grandes fuentes culturales de las que bebe el pensamiento ruso. De estos datos étnicos, geográficos, lingüísticos y culturales surge una historia intelectual rusa que no puede incorporarse a ninguna otra historia intelectual, por lo que debe estudiarse por separado»12.
La filosofía en Rusia, como la filosofía en el islam, participa, como «punto de vista» en el sentido de Leibniz, en la filosofía a secas. Además, podemos observar con qué cuidado Souleymane Bachir Diagne, uno de los filósofos africanos contemporáneos más notables, ha titulado una de sus obras recientes Comment philosopher en Islam ?13 [Cómo filosofar en el islam].
Por otra parte, un título como Universalismo europeo14 es criticable por más de un motivo, independientemente de su contenido. Por un lado, el universalismo no es europeo. El universalismo es un concepto filosófico, cuyo uso puede desviarse, pero no pertenece a Europa ni al mundo europeo, pues el autor parece hacer una distinción y centra el mundo europeo en Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero si no empezamos por definir lo que entendemos por universalismo, creamos confusión y nada más. ¿Por qué no hablar de universalismo chino o africano? Esto es sencillamente absurdo. En segundo lugar, Europa no es universal porque, de acuerdo con lo que hemos dicho, basándonos en Leibniz, que no es el único, solo puede reclamar una parte de la universalidad. Pero nadie puede cuestionar razonablemente que Europa haya desempeñado un papel importante en lo que puede calificarse como un pensamiento universal. Es la reducción del universalismo a una ideología y a un instrumento de poder lo que puede y debe denunciarse, pero esto es algo totalmente distinto. Todo el mundo comprenderá que el esencialismo del que está impregnado este título, cuya base conceptual es la categorización, en el sentido griego original de acusación15, y no aristotélico, es mucho más «vendible» que la complejidad. Pues el universalismo, si estamos dispuestos a explorar sus contornos, no puede reducirse a un mínimo común denominador cuya fuente seguiría siendo hipotética. La ciencia nunca deja de evolucionar, al igual que el mundo real, material o imaginario. Esto significa que el universalismo es un horizonte que se construye y del que nadie, ningún Estado, ninguna institución puede apropiarse.
Un largo camino
La crítica del otro y de uno mismo es un ejercicio sano, vital e intrínseco a la filosofía. La filosofía no es el pensamiento. Es una forma de pensamiento y se inventó en la antigua Grecia.
Reconozcamos su saludable función. Para seguir en suelo europeo, citemos este grito de rabia de Paul Valéry en sus Regards sur le monde actuel16 [Miradas al mundo actual] publicadas en 1945:
Los miserables europeos prefirieron hacer el papel de armagnacs y borgoñones, antes que asumir en el mundo entero el gran papel que los romanos supieron asumir y mantener durante siglos en el mundo de su tiempo. Su número y sus medios no eran nada comparados con los nuestros; pero encontraron en las entrañas de sus hijos ideas más justas y consistentes que las que contienen todas nuestras ciencias políticas.
Europa será castigada por su política; será privada de vino, cerveza y licores. Y de otras cosas...
Europa aspira claramente a ser gobernada por una comisión estadounidense. Todas sus políticas están orientadas en este sentido.
¿Sigue siendo válida esta sentencia? Al menos en parte. Los países europeos han vuelto a la senda de la inteligencia política, pero cuando se trató de apoyar la invasión de Irak y fingir que se creían una de las mayores mentiras de Estado de todos los tiempos, todos, excepto Francia y Alemania, respondieron aislándose del resto del mundo.
Además, la civilización europea ha sido pionera en abolir la esclavitud, promover la emancipación de la mujer, establecer nuevos mecanismos de justicia social, interesarse por otras culturas, incluidas las de los pueblos «originarios», y tomar conciencia rápidamente de los retos medioambientales17. Esto también es una realidad.
Pero volviendo al terreno lingüístico, debemos considerar lo siguiente: ningún país unitario o conjunto de países federales o confederales ha adoptado aún como lengua oficial una lengua que solo habla el 1 % de su población. Pueden valorarse una o varias lenguas comunes como el inglés, el francés o el alemán, la más hablada en Europa como lengua materna o como segunda lengua, o incluso el español. Pero en ningún caso estas lenguas pueden sustituir o marginar a las lenguas nacionales o regionales. Una lengua oficial, como magníficamente expresa el Real Decreto de Villers-Cotterêts de 1539, es una lengua destinada a la comunicación entre las autoridades políticas y administrativas y los ciudadanos. La lengua oficial debe ser clara y comprensible para todos. En ningún caso pretenderá expresar lealtad a ninguna potencia extranjera. Lejos de la maldición implícita del plurilingüismo que la interpretación dominante deriva del mito de Babel, el Corán, en un versículo poco conocido, dice: «Os hemos dividido en lenguas y naciones para que aprendáis los unos de los otros»18.
Centrarse en la lengua
Como demuestran ampliamente los ejemplos históricos que hemos mencionado, desgraciadamente incompletos, la diversidad lingüística no es una molestia, sino que está íntimamente ligada al progreso humano. Al contrario de la camisa de fuerza que nos impone la cultura gerencial, esta es una riqueza que hay que explotar. El artículo 2 de la Convención Cultural Europea de 1954 establece:
Cada Parte Contratante, en la medida de lo posible:
a - fomentará entre sus nacionales el estudio de las lenguas, la historia y la civilización de las demás Partes Contratantes, y proporcionará facilidades para el desarrollo de dichos estudios en su territorio; y
b – se esforzará por desarrollar el estudio de su lengua o lenguas, historia y civilización en el territorio de las demás Partes Contratantes y ofrecer a los nacionales de estas últimas la posibilidad de cursar estudios similares en su territorio.
No es seguro que los autores de esta convención estuvieran realmente convencidos de sus recomendaciones, cuyo objetivo se inclinaba más hacia la paz entre las naciones que hacia un renacimiento a través de la diversidad lingüística. Tal vez no se habían liberado realmente de sus prejuicios monolingües, ni habían percibido realmente toda la riqueza y el potencial de creatividad que encierra la diversidad lingüística.
Este esquema, que no se aplica desde hace 70 años, no ha cambiado en sus fundamentos. El informe final de la conferencia sobre el futuro de Europa no muestra más ambiciones que su renovación.
Debemos hacernos determinados cuestionamientos.
Quizás deberíamos plantearnos que la actuación de las autoridades europeas en el ámbito de las lenguas dejara de ser siempre contraria a sus intenciones declaradas. Ello exigiría una revisión fundamental de la política de comunicación de las autoridades europeas, especialmente de la Comisión Europea, y políticas educativas más activas por parte de los gobiernos.
Quizás también habría que cambiar radicalmente el lugar del lenguaje en la educación. Michel Foucault, en Las palabras y las cosas, tuvo una epifanía19. Tras constatar la desaparición del lenguaje como fenómeno consciente en la sociedad moderna, para «redescubrir en un espacio único el gran juego del lenguaje», imagina que volver a centrarse en el lenguaje sería «un salto decisivo hacia una forma de pensamiento completamente nueva». Es lo que hacen Heinz Wismann en Penser entre les langues20 [Pensar entre lenguas] y Souleymane Bachir Diagne en De langue à langue21 [De lengua a lengua]. Porque el plurilingüismo es más que hablar varias lenguas, es también pensar de otra manera. Lo que a nuestras almas adultas les cuesta entender, un niño es capaz de hacerlo. El alumno de primaria que, a la pregunta de la Academia «¿Cuál es tu lengua materna?» responde «Mi lengua materna es el francés y el árabe» lo ha entendido todo. No hay nada más que decir.
1 Discours de métaphysique, Monadologie, Gallimard, Folio, 2004, p. 234 y (nº 57) y p. 373 y ss.
2 Fragments posthumes, 7 [60], en Nietzsche, Œuvres philosophiques complètes, op. cit.
3 Citado por Tzvetan Todorov en La littérature en péril, Flammarion, 2007, p. 78
4 Sur le caractère national des langues et autres écrits sur le langage, Ed. Du Seuil, Points, p. 131, pero también p. 69, 75, 81.
5 La science nouvelle, Giambattista Vico, traducido y presentado por Alain Pons, Fayard, 2001, § 445, p. 200.
6 Paráfrasis de Akira Yamamoto de un anciano de la tribu navajo, PBS TV, Millennium Series: Tribal Wisdom and the Modern World, presentado por D. Maybury-Lewis, emitido el 24 de mayo de 1992.
7 Ampliamente analizado por Lev Vygotski en Pensée & Langage, La dispute, 1997.
8 Phénoménologie de la perception, Maurice Merleau-Ponty, Gallimard, 1945, p. 88.
9 Vive l'incommunication, La victoire de l'Europe, Ed. François Bourdin, 2020
10 The Evolution of Knowledge, Rethinking Science for the Anthropocene, Jürgen Renn, Les Belles Lettres, 2022, especialmente el capítulo XI "La globalización del conocimiento en la Historia".
11 Histoire mondiale de la philosophie, Vincent Citot, 2022, p. 27-35
12 Ibid. p. 233
13 Comment philosopher en Islam ?, Souleymane Bachir Diagne, Éditions Jimsaan, 2014
14 L'universalisme européen, De la colonisation au droit d'ingérence, Immanuel Wallerstein, Éditions Demopolis, 2006
15 Según el Dictionnaire historique de la langue française, la palabra catégorie procede del bajo latín categoria, a su vez tomado del griego katêgoria ‘acusación’ y, en Aristóteles, ‘cualidad atribuida a un atributo del objeto’. La palabra deriva de katêgorein, que significa tanto ‘hablar en contra, acusar, culpar’ como ‘afirmar, significar, afirmar’ en la lógica aristotélica.
16 Regards sur le monde actuel et autres essais, Paul Valéry, Gallimard, 1945, p. 28
17 Un oportuno recordatorio de Pierre-Henri Tavoillot en el Figaro del 3 de enero de 2022.
18 Citado por François Rastier en Apprendre pour transmettre, PUF, 2013, p. 146, Sourate Les Appartements (Al-Hujurât, versículo 13). Rastier precisa que, según los arabistas que ha consultado, esta traducción sigue siendo legítima, si no lícita.
19 Les mots et les choses, Michel Foucault, Gallimard, 1966, p. 318
20 Penser entre les langues, Heinz Wismann, Albin Michel, 2012
21 De langue à langue, Souleymane Bachir Diagne, Albin Michel, 2022.