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Primavera arabe y lengua francesa: ¿caminos comunes?

Este artículo fue originalmente publicado en francés aquí. Esta traducción en español es fruto del trabajo de Luisa Penalva, traductora voluntaria para el OEP.

España | Málaga – del 1 de abril de 2013 al 30 de abril de 2013

Durante el mes de abril, la Alianza Francesa de Málaga y la Térmica, nuevo espacio pluricultural, han reunido a varios periodistas y expertos en torno al tema de la Primavera árabe, año III. Con motivo de este encuentro, Bertrand Badie, politólogo francés experto en relaciones internacionales y el autor y periodista argelino Yahia Belaskri han decidido responder a las diversas preguntas planteadas por la Alianza Francesa de Málaga sobre la relación entre la lengua francesa y el cambio en el seno de estas sociedades.


¿Qué peso tienen, según usted, en el marco de las relaciones internacionales, las organizaciones francesas dentro de su labor de promoción de la lengua y la cultura francófonas en el extranjero?

El politólogo Bertrand Badie © DR

Bertrand Badie :

« En primer lugar, en el plano lingüístico, estamos confrontados a un dilema prácticamente irresoluble y las embajadas son conscientes de esto. Pertenecemos a un mundo globalizado, lo cual quiere decir que existen dos prioridades absolutas. Exportar nuestro saber, nuestra visión del mundo, lo cual quiere decir que debemos hacer que dicho saber pueda ser oído. Para ello, lo expresamos a través de una lengua transnacional: el inglés. Se trata de estar en situación de comunicación y de intercambio permanente con los demás. Esto es lo que nos lleva de forma irremediable a expresarnos en inglés. Por otro lado, no podemos decir en inglés lo que pensamos en francés. Es ilusorio creer que el pensamiento francés puede diluirse en el inglés. Por ello, todo aquello que decimos en inglés es una anglización, una americanización de nuestro pensamiento. Para poder exportar el francés, lo americanizamos y hacemos inaudibles algunos esquemas de pensamiento que eran los que hasta ahora permitían marcar nuestra diferencia.

Estamos en una especie de círculo vicioso, es decir, que cuanto más exportamos nuestro pensamiento en inglés, menos usamos el francés como lengua mediadora, con la disminución de nuestro idioma a escala europea y mundial, lo cual conlleva asimismo una disminución de la diversidad. Esto sucede tanto con el francés, como con el español, el alemán o el italiano. Esto significa también que si nos seguimos dejando llevar hacia un monolingüismo europeo, Europa va a perder sus atributos principales: la pluralidad y la diversidad. Históricamente, Europa se ha diferenciado de otros continentes por su marcada pluralidad cultural y lingüística. Si todo pasa por el inglés, en sólo dos generaciones Europa se volverá monocultural, e incluso extremamente integrada, unificada. Europa no gana nada siendo monocultural dado que la diversidad ha sido precisamente una de sus principales riquezas.

¿Qué podemos hacer? Hay que tener el tiempo y el valor de expresarse en inglés, pero no de forma sistemática, a riesgo de ver desaparecer el pensamiento que tanto nos diferencia. Esta concesión que hacemos a la lengua inglesa tiene que ir acompañada de un plan de rescate de las demás lenguas europeas. De hecho, pienso que es indispensable que todos los jóvenes europeos tanto en el colegio como en la universidad aprendan tres idiomas: el inglés, un segundo idioma que denomino “correo-largo” y otro idioma europeo. Si todos los europeos tuvieran la obligación de aprender otro idioma europeo, se podría mantener esta diversidad.

En conclusión, sé que cuando hablo inglés, mi pensamiento resulta empobrecido, y más exactamente, se americaniza. Hay cosas que pienso completamente en francés, y que nunca podré expresarlas en inglés”.

El autor y periodista Yahia Belaskri © DR

Yahia Belaskri:

« Estas instituciones juegan un rol importante desde hace mucho tiempo. Viajo con frecuencia y he podido ver la destacada labor de dichas organizaciones. Hoy en día hay menos medios y a pesar de ello en muchos países, si no fuera por los Institutos franceses, por las Alianzas francesas, la gente se vería confrontada a un empobrecimiento cultural.

En Brazzaville, en Haití o incluso en Argelia, en Abu-Dhabi o en Karachi, los Institutos franceses y las Alianzas francesas juegan un rol fundamental en materia de difusión de la cultura y de la lengua francesas. Creo sinceramente en la legitimidad de dichas instituciones, una legitimidad que debe ser afianzada. No creo que la mejor manera de hacer esto sea reducir los medios de que disponen, al contrario, es importante animarlas y darles más. Dar más medios no significa forzosamente dar más dinero, sino también recursos humanos, mujeres y hombres que puedan contribuir a la proyección internacional de la lengua y la cultura francesas. Miren, cuando se habla de la Primavera árabe, que comienza en Túnez, lo primero que dice la población que se manifestaba en las calles es “Dégage”(Lárgate), una palabra francesa. Es una especie de guiño a la cultura francesa.

Hoy en día, se dice que lo universal surge de la cultura europea y occidental, cuando en realidad pertenece a todo el mundo. Reivindicar valores universales no significa ser un feudo de occidente, sino de la humanidad. Creo que estas instituciones francesas desempeñan un papel importante, y lo seguirán desempeñando, siempre que no se les despoje de los medios de que disponen.

Somos testigos, desde los últimos cincuenta años, incluso desde los últimos treinta años, de un retroceso de la lengua francesa, por motivos políticos, históricos y sociales. Pero creo que este deseo de Francia sigue presente. Hay como una necesidad de Francia y de cultura, de lengua francesa, porque es una lengua hermosa, rica y vector de los valores universales que he mencionado con anterioridad.

Es asimismo una lengua de apertura, es evidente que el inglés es una lengua internacional de trabajo, y que el español, debido al importante número de hablantes, es importante también debido a su presencia en América latina. Pero uno no puede imaginarse lo que representa la lengua francesa en el mundo si se queda en Francia; se tiene la impresión de que ha retrocedido. En Brazzaville, he visto niños de 6 años que hablaban francés mejor que los propios franceses. He visto en Haití, en Puerto Príncipe y en el interior, en Port Salut, o incluso en Coteaux, gente que hablaba francés. Esto por una parte me tranquiliza pero a pesar de ello no olvido que existen otras lenguas. Sin embargo, si la lengua francesa ha retrocedido en parte por razones políticas, pienso que se está volviendo a recuperar”.

¿La diplomacia cultural del siglo 21 está, según ustedes, en el corazón de una reconstrucción europea y constituye de forma general una forma de resistencia frente a los males que acechan a dicho siglo?

B. Badie : « Existen dos definiciones de diplomacia cultural. Por un lado, se trata del arte de saber gestionar las divisiones culturales. Es una visión superficial de las cosas ya que no creo en esta visión ellingtoniana, es decir, una visión de un número limitado de culturas en el mundo que estarían en situación de tensión permanente. Es arriesgado utilizar dicha expresión cuando hablamos de diplomacia cultural, ya que lleva a encerrar la cultura en una identidad determinada, en compartimentos estancos inseparables unos de otros. No existe una cultura musulmana que esté confrontada a una cultura cristiana.

Hay que retomar la definición primera de diplomacia cultural y decir que se trata no de un diálogo de culturas sino de todo lo contrario: se trata de ver cómo hacer transcender los sistemas de sentidos y de significados presentes en el mundo, cómo ir más allá y conseguir que circule la información, que haya una transmisión de sentido que pueda satisfacer a todo el mundo.

La pregunta que cabe hacerse es la siguiente: ¿Quién puede lograr esto? ¿Los estados? Tal vez, pero no son los únicos actores, ya que esto conllevaría una estatalización excesiva de la cuestión cultural. Si tenemos en cuenta el sentido primero de mi definición, las relaciones culturales son únicamente gestionables si todos los actores y productores de cultura son partícipes, es decir, los productores sociales de cultura entre los que se encuentran los intelectuales, los artistas, pero también los conservadores sociales de cultura, entre los que figuran por ejemplo los aficionados al arte.

Sin embargo, y siendo claros, nosotros no sabemos cómo hacer esto. Europa se muestra completamente ineficaz y casi diría que autista. La otra definición de diplomacia cultural ve a ésta como un instrumento diplomático nacional que sirve para difundir su propia influencia. Esta definición conlleva una dosis de ingenuidad que los Estados no han sabido manejar.

Los Estados Unidos se han distinguido, durante los años 70, con su sistema de “sof power”. Esto consiste en decir que el hard power se había vuelto insuficiente, con lo cual decidieron usar la cultura como un instrumento de persuasión y de adhesión, como con Coca-Cola, el inspector Colombo y Michael Jackson, que han sido utilizados como instrumentos de difusión de la influencia americana en el mundo. Pero nada de esto ha funcionado.

A Las chicas jóvenes, en Oriente Medio, les puede gustar llevar un vaquero, pero pueden también llevar el chador y protestar contra el imperialismo americano. Coca-cola y Mc Donald’s han conquistado América latina en los años 70 y 80, coincidiendo con las dictaduras latinoamericanas apoyadas por los Estados Unidos, aunque los estudiantes que comían en Mc Donald’s en Santiago de Chile detestaran la diplomacia americana. Por ello, todo esto es un fracaso absoluto.

¿Puede hablarse ahora de un uso de la cultura? Sí, si dejamos de considerar que la cultura no es un instrumento que permite ‘ligar’ con los demás, y si consideramos que efectivamente aquellos Estados que poseen un capital cultural, tienen el deber y la obligación de compartirlo con los demás.

Para mí, dar a conocer Voltaire, Montesquieu o Victor Hugo, no puede ser nunca considerado como un instrumento destinado a promover la política extranjera francesa o la diplomacia francesa, pero puede tal vez ser un medio de universalizar a los pensadores que caracterizan nuestra cultura y compartir este saber con personas de otras culturas. Admiro los esfuerzos que han sido realizados en este sentido en el marco de la diplomacia cultural, que presento como políticamente desinteresada y mundialmente solidaria. Los beneficios de esto no se pueden calcular en términos de beneficios a nivel nacional, pienso que la República francesa no gana nada con hacer de Victor Hugo un autor universal. Sin embargo, los beneficios pueden medirse en términos de beneficios comunes a toda la humanidad. Así, universalizar un músico, un filósofo, es una manera de enriquecer el patrimonio mundial y de ganar en solidaridad y construir la paz y la solidaridad”.

Y. Belaskri :

« Hablar de diplomacia cultural es algo ambicioso ya que, desafortunadamente, no hay diplomacia cultural sino más bien una diplomacia económica basada en intereses financieros. Esto es legítimo y comprendo que una empresa francesa pueda hacer negocios en un determinado país. Pero es importante que exista una verdadera diplomacia cultural.

Francia siempre ha tenido una diplomacia cultural que se debilita de vez en cuando, y que conviene reafirmar. Pienso que éste era el objetivo de la reorganización de los Institutos franceses, pero es necesario que dicha diplomacia se desarrolle con la ayuda de recursos reales en colaboración con los autóctonos, lo cual sucede por lo general en Africa, aunque todavía hay que reforzar esta acción. Tiene que tratarse de una verdadera diplomacia cultural, con los medios necesarios, con un proyecto y una política determinados, y no una diplomacia cultural dispersa. Además de esto, dicha diplomacia debe centrarse en la defensa del hombre, del individuo, cualquiera que sea la sociedad en la que éste se encuentra, y en relación con los valores universales de laicismo, democracia y desarrollo personal”.

Piensan ustedes que las revoluciones árabes de estos tres últimos años van a animar a Francia a reflexionar sobre sus relaciones con los países del Magreb y de Oriente Medio?

B. Badie :

« Sí, y ello por varios motivos. Las relaciones entre Francia y los países del Magreb son relaciones muy personalizadas, es decir, no nos dirigimos a Túnez sino a Ben Ali, no nos dirigimos a Argelia sino a Bouteflika, no hablamos con Marruecos sino con el rey Mohammed VI. Por ello, todo cambio de régimen conlleva forzosamente la desaparición de uno de los líderes y obliga a repensar las relaciones bilaterales.

Además de esto, el equipo que llegó al poder en Túnez, único país que ha sido verdaderamente protagonista de la Primavera árabe, está compuesto por un lado de corrientes islámicas, quienes en principio no desean mantener relaciones estrechas con Francia por diversos motivos: estigmatización del Islam en Francia, a través de la cuestión del velo, del burka, de la construcción de mezquitas; y por otro lado, debido a que esta élite islamista no es una élite francófona, no ha sido formada en Francia, y por ello se distancia de este país.

Existe otro componente, más laico, que contrarresta dicha posición: el actual Presidente de la República es de izquierdas. Además, Moncef Marzouki, que había sido acogido como refugiado en Francia, es un francófilo, profundamente marcado por los modelos revolucionarios de la Revolución francesa. Sin embargo, este último siempre se ha mostrado escéptico hacia el gobierno francés. Encarna una corriente “tercermundista” que nos lleva de nuevo a relaciones más tradicionales como las que pueden existir con Marruecos.

Se produce así una ruptura fuerte, y conviene preguntarse: ¿Pueden vivir Túnez y Francia de forma independiente, cualquiera que sea el régimen? No estoy seguro de que Túnez disponga de un sustituto del Estado francés, ya que los demás países europeos, con excepción de Italia, no tienen muchas relaciones con Túnez. Los Estados Unidos han intentado construir una relación con Túnez, al apoyar la primavera tunecina antes que Francia y al apoyar la salida de Ben Ali.

Algunos rumores dicen que los propios oficiales de alto nivel americanos habrían animado a Ben Ali a dejar el poder, lo cual hizo que los Estados Unidos gozaran de gran popularidad entre los tunecinos. Pero la opción americana está bloqueada en el mundo árabe debido al apoyo americano a Israel, debido al contencioso americano-árabe.

Finalmente, no estoy seguro de que América pueda sacar ningún beneficio de su posición, mucho más adelantada que la de Francia. Pienso que se buscan las vías de entrada por diferentes medios, lo cual se traduce con frecuencia por torpezas verbales como la cometida por la ministra Alliot-Marie.

Sin llegar a ese punto, es cierto que hay una falta de entendimiento mutuo que no es sólo reflejo de una falta de voluntad. Pienso que las relaciones franco-tunecinas con Ben Ali llegaron a tal ceguera, omitiendo los obvios ataques a los derechos humanos, u ocultando todo aquello que no formase parte de los valores democráticos y relativos a los derechos humanos en Francia, que es muy difícil reinventar un nuevo tipo de relación”.

Y. Belaskri : « Esas primaveras árabes, que parecen estar hoy en dificultad, dado que se trata de procesos largos y difíciles, han impedido que Francia tenga una diplomacia, una política clara. Francia todavía no ha mostrado todas sus capacidades en lo que se refiere a política extranjera.

Desde el acceso al gobierno del Sr. Hollande, ha habido una primera visita a Argelia, y a Marruecos. Hay que esperar a ver cómo se van desarrollando los acontecimientos, pero pienso que las iniciativas son todavía muy modestas”.

En mi opinión, hay que volver a consolidar dichas relaciones, a partir de un respeto y una mayor consideración hacia estos países como actores políticos mayores. Al mismo tiempo, deberíamos adoptar una política orientada hacia la sociedad civil, los partidos democráticos y las fuerzas vivas de esas naciones, y no una política dirigida únicamente a los Estados. Entiendo que esta política también sea necesaria por cuestiones políticas y financieras.

A pesar de ello, Francia debe seguir actuando para que dichos Estados respeten a sus ciudadanos. No parece ser el caso de momento, pero confío en que esta política se desarrolle en un futuro”.

Bertrand Badie durante su presentación en La Térmica © DR