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La jornada del multilingüismo, por Philippe Cayla para Le Monde

Publicado el 4 de mayo de 2010 en  LeMonde.fr

Traducido del francés al español por Guadalupe Couto, miembro del OEP. 

El multilingüismo es a la vez padre e hijo de la diversidad cultural. Padre en tanto que condición previa, premisa lógica e insoslayable de la diversidad de culturas: no hay cultura sin lengua. Hijo en tanto que elemento esencial, si no central de toda política cultural.

Francia se ha formado a través de la lengua, por el Tratado de Villers-Cotterêts que impone el francés como lengua de gobierno, por primera vez en 1539. Francia protege a su lengua: de la Academia Francesa a la Ley Toubon, hay innumerables actos de gobierno que así lo testimonian.

Lo que sucede a Francia sucede también al resto de Europa. Las culturas y las lenguas del mundo se enfrentan a un desafío: la dominación, y quizás mañana el monopolio, del inglés. Francia se ha puesto a la cabeza de la resistencia y en función de su iniciativa, la UNESCO ha aprobado una carta que consagra la exclusión, teórica si no de hecho, de la cultura de las reglas comerciales de la OMC. La cultura, es decir, los libros, la música, el cine… se entiende por cultura la cultura que vende. A propósito, ¿y la lengua? ¿Un país podría ser acusado de ataque a la competencia por utilizar su propia lengua, en lugar del inglés, para redactar sus convocatorias a licitación internacionales? Esto parece inverosímil y sin embargo es posible, si no plausible; aunque hoy en día poco probable. ¿Y mañana? ¿Quién sabe lo que declarará la OMC a partir de una denuncia fundada en este argumento? Ni siquiera la carta de la UNESCO serviría de auxilio, ya que no habla de esto.

Fundamento insoslayable de la diversidad cultural, el multilingüismo no ocupa un lugar lo suficientemente valioso. Sufre de una mala imagen de marca, alternando entre la de una aristocracia intelectual y la de la burocracia bruselense. Aristocracia intelectual de lingüistas políglotas como Claude Hagège, que manejan o comprenden decenas de lenguas, ideal inaccesible para el común de los mortales, y sólo reservado a una casta de profesionales. Burocracia bruselense de funcionarios de la Comisión o del Parlamento, sobre todo los recientemente reclutados de Europa Central que reaniman la tradición políglota del imperio austrohúngaro, al que se asemeja cada vez más el microcosmos bruselense.

Sin embargo, el aprendizaje de lenguas progresa en Europa, pero de forma disimétrica: cada vez más a favor del inglés y en detrimento de las otras lenguas: del francés y del alemán principalmente, no tanto del español. ¿Nos dirigimos hacia une Europa anglófona, en la que las lenguas nacionales tendrían la función que tenían las lenguas provinciales hasta el siglo XX? Es un temor lógico, dado lo grave e ineludible que parece ser esta tendencia.

Hay que popularizar el multilingüismo. Hay que alentar a los jóvenes a aprender más lenguas, dado lo fácil que resulta el aprendizaje cuando el cerebro es dúctil, ya que asimila y retiene rápidamente. Hay que alentar a los adultos a utilizar las lenguas aprendidas en la escuela a través de la práctica cotidiana de la lectura o de la escucha de la radio o la televisión.

Actualmente, la revolución digital torna fácil lo que antes era considerado una hazaña: leer y escuchar una lengua extranjera. Gracias a internet, hay una gran cantidad de sitios multilingües accesibles a través de un clic. Gracias al satélite, relevado por el cable y el ADSL y también por internet, muchas radios y cadenas de televisión están disponibles en todas las lenguas. La oferta está allí y sólo requiere ser utilizada.

La demanda, precisamente, suscitémosla, creemos un acontecimiento federalista: la jornada del multilingüismo. Por provocación o por recuperación, como se quiera, un día preciso se impone: el de Pentecostés, día en que el Espíritu Santo dio a los apóstoles el don de hablar y comprender todas las lenguas. En el mundo actual, democrático y laico, este don no debe reservarse a una élite apostólica, sino que debe transmitirse a todos y cada uno.

La jornada del multilingüismo no debe ser pesada, pedagógica y pretenciosa: esto haría que todas las buenas voluntades huyeran. Debe ser lúdica, chispeante y festiva. Organicemos concursos literarios, bajo todas las formas posibles: oral y escrita, en prosa o en verso. Los equipos editoriales de los sitios multilingües serán los jueces, la organización estará descentralizada y basada en internet.

¡Lancemos la primera jornada del multilingüismo el 23 de mayo de 2010!

 

Philippe Cayla es presidente del Directorio de Euronews