Artículo de José Luis Barceló publicado en elsemanaldigital.com el 27 de julio de 2009.
Científicos de todo el mundo están alarmados por la pérdida galopante de la diversidad lingüística, aquella que, según la tradición bíblica, fue una maldición de Dios ante las ambiciones de la Humanidad ante la mismísima Torre de Babel. Es verdad que la lengua puede ser una barrera si no se conoce la del prójimo, pero también es cierto que su uso puede derivar en intereses políticos bastardos cuando lo que se pretende es fomentar y sustentar las diferencias entre las personas.
Ahora, el proyecto "Enduring Voices", busca documentar y revitalizar las lenguas que están al borde de la desaparición, y que perviven aún en culturas que se han visto afectadas por la colonización. David Harrison del Swarthmore College en Pennsylvania, es el codirector del proyecto, quien ha afirmado que en la actualidad existen 6.992 idiomas diferentes reconocidos en todo el mundo y que el promedio de desaparición es de una lengua cada dos semanas, a menudo debido a la muerte por vejez de las últimas personas que la hablaban. Los hijos de estas personas hablan ya el inglés, el español o el portugués con fluidez y no se relacionan en las lenguas de sus antepasados ya extintos.
El proyecto, respaldado por la revista National Geographic, ha afirmado que la región del norte de Australia que incluye a Queensland, los territorios del norte y el oeste del país, son los lugares donde las lenguas locales se encuentran más amenazadas. Los linguistas sostienen que Australia alberga algunas de las lenguas con mayor peligro de desaparición total, con un total de 153 idiomas diferentes hablados en la región norte del país.
Una zona del centro de Sudamérica que abarca Ecuador, Colombia, Perú, Brasil y Bolivia quedó segunda en lista del proyecto, dado que las lenguas indígenas están siendo superadas por el español y el portugués principalmente. Los expertos aseguran que Bolivia posee el doble de diversidad lingüística que el total de las naciones de Europa, pero muchos de los dialectos más pequeños son superados por el español y otros idiomas.
En el tercer y quinto lugar de la lista estaban regiones de América del Norte, donde las lenguas de los pueblos indígenas también están amenazadas. Un área incluye la Columbia Británica en Canadá y los estados de Washington y Oregón en Estados Unidos. Otra zona cubre los estados de Oklahoma, Texas y Nuevo México, también en Estados Unidos. El cuarto lugar de la lista fue ocupado por Siberia Oriental.
¿Lenguas del futuro?
Las lenguas existentes se vienen reduciendo a la mitad cada 16 años. Algunos lingüistas creen que si se siguen las mismas pautas de destrucción de lenguas actual, hacia el año 2.100 quedarán tan solo unas 100 lenguas. De ellas, el árabe, el chino, el hindi, el inglés y el español serán de las más habladas. Idiomas como el Holandés, el danés, el islandés o el polaco podrían haber desaparecido completamente tal y como si fueran lenguas muertas. Es probable además que, con el auge de las comunicaciones globales, este ritmo se acelere cada 12 años más o menos, con lo que si siguiéramos así, dentro de tres siglos apenas se hablaría un par de docenas de lenguas en todo el mundo y en cuanto llegáramos a las campanadas del 2.333 es posible que se hablaran tan solo dos idiomas en todo el mundo.
La virtualidad prevista por el oculista Zamenhof, inventor del Esperanto en 1887, será un hecho, y la lengua única mundial es una realidad matemática.
¿Cuál será la lengua universal que unirá a todas las razas y naciones del mundo? Para muchos, la evolución de los idiomas actuales convergerá hacia una lengua mestiza del inglés y el español. Ninguno de los dos idiomas será igual que hasta ahora. Es bastante probable que el chino, el ruso y el árabe sean de las lenguas supervivientes todavía hacia el 2.200 o 2.250. Sus caracteres especiales y la gran masa de población que las habla por encima de territorios, las harán supervivir con sus características propias. Precisamente la dificultad de sus grafías para el resto de los habitantes del planeta es su fortaleza, en detrimento de idiomas como el danés, el holandés, el islandés o incluso el italiano, que deberán defenderse del resto y cuya principal debilidad es que se hablan en territorios muy reducidos y que su grafía es latina. En Holanda o Dinamarca la mayor parte de los habitantes es bilingüe en inglés.
¿Determina una lengua la nación?
Para muchas personas el idioma supone uno de los rasgos de su nación. Seguramente simplemente se trate de uno de los rasgos integradores y a la vez diferenciadores más importantes a la hora de construir una nación unida. Algunos pueblos como los alemanes, han logrado conformar su unidad nacional casi exclusivamente por razón de una lengua única, aunque existan diferencias culturales, religiosas e incluso étnicas entre todos sus habitantes.
Hay, sin embargo, otros ejemplos muy interesantes que nos ilustran sobre la artificialidad de los estados-nación modernos. Israel, por ejemplo, se conformó como un Estado unitario bastante integrado tras el final de la II Guerra Mundial bajo el postulado de un pueblo único, el elegido de Yavéh. La verdad es los pobladores de este nuevo estado, que eran los judíos, procedían de todo el mundo con rasgos raciales muy diferentes por el efecto del mestizaje en Europa y América a lo largo de lo siglos. El yidish, lengua de los actuales hebreos del Israel moderno, es en realidad una lengua coiné artificial que se creó a propósito de darle unidad e identidad nacional al nuevo estado israelí. Esta lengua se creó tomando como base el hebreo antiguo, para establecerlo como el idioma para la Tierra Prometida.
Igualmente ocurre con la actual lengua vasca, un idioma artificial inventado para dar carácter a la nueva autonomía vasca surgida tras la muerte de Francisco Franco. Este nuevo vasco nunca jamás existió antes –como tampoco la nación vasca-, pero es el idioma que se enseña en las escuelas para "uniformar" a la población. Un legado nefasto y erróneo que solo el tiempo y la Historia podrán colocar en su debido lugar.