En todos los estados democráticos multilingües del mundo se respeta la pluralidad. En España, no. El problema arranca de la misma Constitución de 1978, que convirtió, o mejor dicho, reafirmó el español como lengua única del Estado. Según esa Constitución, España no es multilingüe, sólo lo son las autonomías con lengua propia. O sea que, según dicho criterio, la parte es multilingüe y en cambio el todo no lo es. Una aberración que genera iniquidad y eternos y cansinos debates sobre la salud del todo —el español— sin prestar atención a lo que le pasa a la parte, que, por lo que se ve, no quita el sueño a los nacionalistas españoles. Leer a continuación...
La lengua del imperio (Economiadigital.es)
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- Catégorie : Langues et cultures régionales et minoritaires