Fuente: El Obrero, 17 Julio 2024
Desde la creación de la Unión Europea (UE), el multilingüismo y el plurilingüismo han sido considerados unos valores clave y unos principios rectores de sus políticas. Tanto es así, que ya en su Tratado Fundacional se indica que:
“La Unión respetará la riqueza de su persidad cultural y lingüística y velará por la conservación y el desarrollo del patrimonio cultural europeo.” (Artículo 3).
Esta idea se vuelve a subrayar en la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias (1992). Además, las lenguas son “aspectos fundamentales de la vida de las personas y del funcionamiento democrático de la sociedad” (Consejo de Europa, 2021).
Lo cierto es que la realidad lingüística de la UE ha cambiado sustancialmente desde su fundación: en 1958 sus lenguas oficiales eran cuatro, alemán, francés, italiano y neerlandés; mientras que en 2023 son 24. A estas se deben añadir más de 60 lenguas regionales, además de las habladas por los inmigrantes (recordemos que se calcula que en la EU conviven personas de más de 175 nacionalidades).
Como consecuencia, Europa se ha convertido en un puzle lingüístico en constante mutación.
Plurilingüismo no es multilingüismo