Mercedes Enríquez-Aranda, Profesora de Traducción e Interpretación, Universidad de Málaga
Aprender un idioma no consiste únicamente en aprender un código lingüístico. Aprender un idioma también es someterse a un proceso de aculturación (según el diccionario de la RAE, “Acción y efecto de aculturar o aculturarse: incorporar a un individuo o a un grupo humano elementos culturales de otro grupo”) que se puede dar en cualquier etapa de la vida.
Se han realizado muchos estudios sobre la capacidad que tiene el cerebro humano para aprender lenguas. En ellos se intenta establecer unos límites de edad a partir de los cuales aprender una lengua exige más esfuerzo y ofrece, además, resultados desiguales.
Otros estudios abordan por qué aprender lenguas puede servir para mantener la actividad intelectual en etapas de madurez vital.
Finalmente, otros tratan la conveniencia o no de exponerse en una edad temprana a varias lenguas, con las ventajas o inconvenientes que la mezcla de códigos lingüísticos comporta.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.