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Políticas y derechos lingüísticos

Artículo 2 del proyecto de ley sobre enseñanza superior e investigación-Propuestas de enmienda por el OEP

Traducción en español por Luisa Penalva. La versión original francesa de la carta del OEP está disponible aquí.

 

Paris, 14 de marzo de 2013

 

Excelentísima señora

Doña Geneviève Fioraso

Ministra de Enseñanza superior

e Investigación.

 

 

Asunto: Artículo 2 del proyecto de ley sobre enseñanza superior e investigación-Propuestas de enmienda.

 

Excelentísima Sra. Ministra,

 

Tenemos el honor de presentarles las propuestas de enmienda al artículo 2 sobre enseñanza superior e investigación, tal y como han sido transmitidas, las cuales serán presentadas en breve ante el Consejo de Ministros.

Le entregamos en primer lugar los textos en que figuran las propuestas de enmienda y le mostramos asimismo los principales argumentos que justifican dichas propuestas. Quedamos a su disposición para cualquier aclaración respecto a los argumentos que serán expuestos.

En lo referente al artículo 2 del proyecto de ley, manifestamos nuestra más clara y simple objeción y exponemos, en este sentido, tres propuestas.

 

1era propuesta:

Completar el artículo 2 del proyecto, que quedaría de la siguiente manera:

“Al final del primer párrafo del apartado II del artículo L 121-3, añadir las siguientes palabras: ‘o cuando las enseñanzas son impartidas en el marco de un acuerdo con una institución extranjera o internacional, como está previsto en el artículo L 123-7 o en el marco de programas que beneficien de ayuda económica europea. En este caso, salvo que exista un argumento económico explícitamente justificado, el conjunto de la formación se impartirá, sólo de forma parcial, en otro idioma’.

2da propuesta:

Relativa una reformulación total del artículo 2:

Tras el segundo párrafo del apartado II del artículo L-121-3 del código de educación, se añade el siguiente párrafo:

Las universidades elaboran una política lingüística cuyo objetivo es el desarrollo de las lenguas extranjeras y la promoción del francés en el mundo con el fin de reforzar el atractivo de éstas a nivel internacional.

Los estudiantes que deseen inscribirse en las universidades francesas deben tener la posibilidad de adquirir en el país de origen o de destino el nivel de francés requerido para poder realizar los estudios previstos.

Los cursos impartidos únicamente en lengua extranjera se insertarán, salvo excepción, en el marco de un programa con proyección internacional, y serán programas de formación bilingües en los que se incluya la enseñanza de otros idiomas.

Un decreto del Consejo de Estado especifica las condiciones de aplicación del presente artículo’.

 

3ra propuesta (derivada de las anteriores):

Completar el proyecto del artículo 2 de la siguiente manera:

‘Al final del primer párrafo del apartado II del artículo L 121-3, añadir las siguientes palabras: ‘o cuando las enseñanzas son impartidas en el marco de un acuerdo con una institución extranjera o internacional, como está previsto en el artículo L. 123-7 o en el marco de un programa que beneficie de una ayuda económica europea. En este caso, salvo que exista un argumento económico explícitamente justificado, el conjunto de la formación podrá impartirse sólo parcialmente en otro idioma’.

Tras el segundo párrafo del apartado II del artículo L-121-3 del código de educación se añade el párrafo siguiente:

Las universidades elaboran una política lingüística cuyo objetivo es el desarrollo de las lenguas extranjeras y la promoción del francés en el mundo con el fin de reforzar el atractivo de éstas a nivel internacional.

Los estudiantes que deseen inscribirse en las universidades francesas deben tener la posibilidad de adquirir en el país de origen o de destino el nivel de francés requerido para poder realizar los estudios previstos.

Los cursos impartidos únicamente en lengua extranjera se insertarán, salvo excepción, en el marco de un programa con proyección internacional, y serán programas de formación bilingües en los que se incluya la enseñanza de otros idiomas.

Un decreto del Consejo de Estado especifica las condiciones de aplicación del presente artículo’.

 

Exponemos a continuación los argumentos que justifican dichas propuestas

Los argumentos que sirven de base a dichas propuestas, son de dos tipos y se completan entre sí.

 

  1. El primer argumento se refiere a la imagen de Francia en el mundo

El francés es la segunda lengua internacional, mucho después del inglés, pero que está presente en todos los continentes y progresa a nivel global, excepto en Europa, donde le cuesta mantener su posición debido a la actitud de los líderes políticos que la representan. Francia goza asimismo de una imagen especial a nivel internacional, ya sea en el mundo francófono, anglófono, o en otros países, imagen que es fruto de una historia que debe ser asumida. Lo que se espera de Francia no es que imite las tendencias dominantes sino precisamente que demuestre que no hay una sola forma de vivir la mundialización.

Ampliar al máximo las posibilidades de desarrollar carreras universitarias completamente impartidas en inglés sería transmitir un mensaje al mundo totalmente contrario a nuestros intereses.

Quienes ejercen presión para ofrecer tales posibilidades demuestran en realidad tener una visión del mundo increíblemente reductora. Llegar a pensar que esto contribuirá a la proyección de Francia a nivel internacional es absurdo, dado que esto va precisamente en contra de los intereses de Francia y de los estudiantes a los que se desea acoger.

Si dichos estudiantes han elegido venir a Francia, no es como una simple alternativa, y si este fuera el caso no veríamos el interés de acoger estudiantes extranjeros. Puede tratarse de estudiantes francófonos, anglófonos o hablantes de otros idiomas con un buen nivel de inglés por lo general, y con escaso dominio del francés. El interés de las partes implicadas, en este caso, es poder efectuar ciclos de estudio internacionales que permitan a dichos estudiantes seguir cursos en dos idiomas e incluso aprovechar para estudiar un tercer idioma, y salir de una universidad o escuela francesa, siendo bilingüe o trilingüe (con su lengua materna + francés+inglés) y habiéndose beneficiado de una enseñanza científica o literaria del mejor nivel posible.

Este es el papel que Francia debe desempeñar. Cualquier otra dirección que conlleve la banalización y la mercantilización de la educación y la cultura representa una amenaza mortal, lo cual nos lleva a nuestro segundo argumento

 

  1. Consecuencias para las generaciones futuras:

Es importante anticipar las consecuencias que podría tener la generalización del inglés como lengua única en los niveles de Máster y de Doctorado. Esta tendencia se puede observar ya en algunas carreras científicas y, como consecuencia de esto, en el campo de las Humanidades.

Los argumentos esgrimidos por los precursores del desarrollo de secciones completamente en inglés se basan en la omnipresencia de la lengua inglesa en el terreno de las publicaciones científicas y de la enseñanza de idiomas, lo cual demuestra un conocimiento muy limitado de las condiciones históricas, de carácter irreversible, que nos han conducido, en unas décadas, a esta situación. Esta actitud demuestra asimismo un desconocimiento completo del contexto en el que estamos inmersos, esto es, el de un mundo multipolar y multilingüe en el que el inglés seguirá siendo lengua internacional, pero no la única.

En el ámbito educativo, las autoridades más competentes del mundo anglófono, empezando por la British Academy o el British Council, han comenzado ya a alertar contra los peligros del monolingüismo y de la universalización de un inglés reductor que nada tiene que ver con el rol de vector de comunicación atribuido por algunos utópicos. Es importante defender la idea según la cual las lenguas deben seguir existiendo en su máxima plenitud, esto es, seguir expresando la diversidad del mundo.

Es imprescindible medir las consecuencias negativas que la generalización de estudios realizados únicamente en inglés, al que sutilmente se hace alusión como ‘lengua extranjera’, puede tener para el pensamiento, y en particular, para el pensamiento francés. Es evidente que la promoción de estudios enteramente en ‘lengua extranjera’, supuestamente en favor de la proyección de Francia y del francés en el ámbito internacional, es en definitiva una manera de admitir que no existe un pensamiento original en el mundo actual y que este pensamiento sólo puede venir de un foco determinado. El verdadero proyecto que se esconde tras estas iniciativas es la desaparición de nuestras tradiciones y el abandono, en sólo dos generaciones, de las bibliografías en francés.

Es importante medir el impacto que en una sola generación puede tener la impartición de una enseñanza de alto nivel en una lengua extranjera:

  • Todas las fuentes de conocimiento acabarían siendo fuentes externas, lo cual generará una ruptura con las tradiciones históricas ya sea en el ámbito de las Ciencias naturales o de la Cultura. Las investigaciones serán asimismo dirigidas por investigadores externos. Esta ruptura de la transmisión del saber conllevará un empobrecimiento considerable en materia de creatividad.

  • Las lenguas universales como el francés, el alemán, el italiano, el ruso, etc. padecerán las consecuencias de lo que se conoce como una pérdida de dominios, ya que dejarán de expresar conceptos científicos nuevos, algo que es esencial en el ámbito de las Humanidades pero que lo es también, aunque se piense generalmente lo contrario, en el ámbito científico. Decir que el alemán ha perdido más terreno e influencia que el francés, no es un argumento, y tampoco esta actitud debe ser considerada como signo de progreso. Estamos hablando, en definitiva, de la pérdida de soberanía.

Podemos entender que, con el fin de un proyecto de diploma sea de inmediato económicamente viable, pueda ser interesante atraer sin ningún tipo de obstáculo estudiantes dispuestos a pagar una matrícula a un precio mucho más elevado que los nativos; entendemos asimismo lo atractivo de despojarse de una burocracia organizativa. Dicho esto, ¿debería también la Representación nacional dejarse impresionar por el atractivo de la mediocridad?

En nuestra opinión, si el objetivo es atraer estudiantes extranjeros, es importante no excluir a los estudiantes francófonos y ofrecer, por otro lado, tanto a estudiantes francófonos como no francófonos la oportunidad de estudiar carreras internacionales, en el sentido denotativo del término, es decir, basadas en formaciones impartidas en francés y en una lengua extranjera, y que permitan asimismo el estudio de una tercera lengua, lo cual es una realidad dentro del mundo plurilingüe en el que estamos inmersos y constituiría también un valor añadido.

Es preciso añadir que la política lingüística, ya sea a nivel europeo, nacional o en el ámbito universitario, ya no acepta el amateurismo y la imprecisión de las políticas basadas en una serie de creencias y estereotipos que no tienen que ver ni con el mundo real ni con un mundo global. Esto sólo refleja el interés de algunos círculos relativamente cerrados que creen poder hablar por el conjunto de la sociedad. Frente a esto, la política lingüística debe ser objeto de un importante debate democrático, tanto a nivel nacional como a nivel de las universidades. Es importante asimismo poner de relieve la responsabilidad en que incurren los políticos respecto a esta decisión. Los franceses no son conscientes de los desafíos que conlleva la política lingüística, pero cuando se tome conciencia de que nuestra posición geopolítica corre peligro de derrumbarse en parte debido a decisiones que no se han pensado con suficiente detenimiento, ¿cómo reaccionará el conjunto de la población?

Aprovecho la oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia las seguridades de mi distinguida consideración.

Christian Tremblay

Presidente del OEP

 

PS: Notemos que el artículo 2 persigue el mismo objetivo que el artículo 6 de le ley senatorial N.348 relativa al atractivo internacional de las universidades francesas. Por este motivo, adjuntamos a la presente carta, la dirigida a la Sra. Claudine Lepage, ponente del proyecto de ley.