El gramático dice que ni los científicos ni los políticos pueden decidir la frontera de las lenguas
FRANCESC ARROYO, Tarragona
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El bilingüismo y el plurilingüismo son hoy una realidad
creciente”, afirmó ayer en Tarragona el lingüista norteamericano Noam
Chomsky. En su opinión, las sociedades monolingües lo son a costa del
“asesinato” de otras lenguas. Para el creador de la gramática
generativa, la primera y la última palabra sobre cómo debe usarse o
llamarse una lengua la tienen sus hablantes. Por consiguiente, ni
científicos ni políticos tienen nada que decir acerca de las fronteras
que delimitan a las lenguas. Chomsky habló así en la Universidad Rovira
i Virgili de Tarragona.
El lingüista, que participa en unas jornadas previas a su
investidura, el viernes, como doctor honoris causa por esa universidad,
explicó que el concepto de “lengua nacional” es relativamente nuevo y
que lo habitual en el mundo no es el monolingüismo, sino la convivencia
de dos o más lenguas. “Incluso en Estados Unidos, aparentemente
monolingüe, voy por las calles y oigo con frecuencia a niños que hablan
idiomas diferentes del inglés”, dijo.
Preguntado sobre si son los científicos del lenguaje o los
políticos quienes debían determinar el nombre de la lengua que se habla
en Valencia y su normativa, Chomsky fue contundente: ni los unos ni los
otros tienen nada que decir al respecto. Pero menos que nadie, los
científicos. Chomsky aseguró que es un asunto en el que sólo tiene que
decidir la gente. Más aún, dijo, los criterios sobre las fronteras
lingüísticas son difusos. De hecho, se podría decir que él y su mujer,
ambos estadounidenses y criados a escasos kilómetros de distancia,
hablan lenguas distintas, sin que ello fuera una barbaridad.
El profesor del Massachusetts Institut of Technology (MTI) hizo
estas declaraciones por la tarde. Previamente, por la mañana había
mantenido un animado coloquio sobre qué es el conocimiento, sus
posibilidades y tipos, en el que participaron también el antropólogo
Eudald Carbonell, el filósofo Manuel García Carpintero y el físico
Jorge Wagensberg. El profesor norteamericano afirmó que le gustaría
tener una imagen comprensible del mundo y añadió que eso es lo que
intentó la ciencia moderna, desde Galileo hasta Newton. Pero al
introducir éste en la física la noción de atracción a distancia, la
consistencia del mundo se quiebra. Esto se convierte en un absurdo. Y
hoy, añadió, ya no tratamos de tener una imagen del mundo que tenga
sentido y nos conformamos con disponer de teorías comprensibles.
Fiel a su concepción de una realidad única de la que todo lo
existente forma parte, Chomsky rechazó asumir que la mente sea de una
naturaleza diferente a la del resto de los objetos físicos, como le
había sugerido en su intervención García Carpintero. Éste atacó
frontalmente el naturalismo metodológico de Chomsky, calificándolo “de
carente de interés”, y le reclamó que asumiera esta afirmación y que
optara por un naturalismo ontológico. En realidad, incluso aseguró que
Chomsky, aunque no lo dice, asume que la mente es diferente al resto de
los objetos físicos cuando en sus textos escribe que la conciencia o el
libre albedrío son elementos misteriosos. Chomsky no aceptó el envite y
reiteró que el estudio de la mente se halla hoy afectado de fuerte
“irracionalidad”. El lingüista hizo una firme defensa de las
“propiedades mentales” como una parte más del mundo. De un único mundo.
“Igual vivimos en un universo múltiple”, dijo; “no lo creo, pero no es
inconsistente”. Tras la defensa de la visión unitaria de lo existente,
defendió también una visión unitaria del saber que da cuenta del mundo,
aunque reconoció que no se puede garantizar la correspondencia entre
imagen del mundo y realidad.
Eudald Carbonell, que está trabajando en Atapuerca, hizo una
minuciosa descripción de las aportaciones que este yacimiento permite a
la historia del hombre: su origen africano, su carácter predecesor del
Neanderthal y del homo sapiens, su canibalismo y la evidencia de que
tenía capacidad de lenguaje, usaba vestimentas y enterraba a sus
muertos.
Jorge Wagensberg analizó los diferentes tipos de conocimiento, el
científico, el artístico y el místico, para relacionarlos con la noción
de progreso. En su opinión, en los dos primeros casos puede hablarse de
“elementos progresivos” en el conocimiento; no así en lo referente a
las verdades reveladas, que lo son de una vez y para siempre.
La lección magistral corrió a cargo del profesor de las Baleares
Camilo Cela Conde, quien describió cómo los avances de la
neurofisiología son perfectamente consistentes con las descripciones
del lenguaje y de la mente hechas por Chomsky.