Por Carolina Aguirre
Lunes 11 de octubre de 2010
Un mes atrás me encontré con este post que hablaba sobre lo mal que traducimos al español los títulos de las películas extranjeras. Aunque contundentes, los ejemplos no me llamaron la atención; siempre supe que las traducciones eran ridículas y torpes. Lo que sí me causó gracia fue darme cuenta que usaban siempre las mismas veinte o treinta palabras para todo. Palabras que, por otro lado, están tan repetidas y agotadas que ya no significan casi nada. Son como firuletes que se usan para llenar el afiche o para saber cuál es el disco que tenemos que pedir en el videoclub. Para seguir leyendo...