Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
Aprender un nuevo idioma a una edad avanzada puede ser una experiencia frustrante. Se da la paradoja de que, pese a que nuestros cerebros adultos, más maduros y experimentados, deberían hacernos más sencillo el aprendizaje, son los niños pequeños, analfabetos, los que adquieren idiomas con aparente facilidad.
Los bebés comienzan su viaje de aprendizaje del lenguaje en el útero. Una vez que sus oídos y cerebros lo permiten, se sintonizan con el ritmo y la melodía del habla audible a través del vientre. A los pocos meses de nacer, comienzan a separar en fragmentos el habla continua y a aprender cómo suenan las palabras. Cuando gatean, se dan cuenta de que muchos fragmentos del habla etiquetan las cosas que los rodean. Los niños tardan más de un año en escuchar y observar antes de decir sus primeras palabras, y la lectura y la escritura llegan mucho más tarde.
Sin embargo, para los adultos que... Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.