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Excepción cultural: nuestro sistema es al mismo tiempo mutualista e universal

Radu Mihaileanu

Traducción del francés al español: Luisa Penalva, traductora voluntaria del OEP

Artículo original en francés aquí... 

19 de junio de 2013, 17:25

Formo parte de la delegación de defensa de la excepción cultural europea, recibida el 11 de junio por el señor Barroso y por los grupos parlamentarios europeos. En lo que respecta a la cultura, lo que nos interesa cuando se habla de defensa de la excepción cultural es el concepto de universalidad de las obras. Nosotros, como artistas europeos, americanos y del conjunto del globo ; como Steven Spielberg, Harvey Weinstein, David Lynch, ou incluso Pedro Almodóvar, nunca aceptaremos que la cultura, fruto del pensamiento de los ciudadanos, sea tratada como una pura mercancía. La influencia que la cultura tiene en la identidad de los pueblos, sus lenguas, sus opciones y sus singularidades …no puede ser obviada. Por este motivo, pedimos que el sector audivisual, como vector de cultura, quede excluido de toda negociación.

En la práctica, si la cultura formara parte de dichas negociaciones, los países correrían varios riesgos : la política cultural dejaría de ser un asunto perteneciente a cada Estado de forma particular, y los países tampoco podrían defender la libertad de pensamiento y difusión. En efecto, todo esto acabaría siendo regulado por el mercado. Este es el deseo del ultraliberal Barroso, presidente de la Comisión europea. En realidad, sería excluido de esta forma todo pensamiento que no se tradujese por un valor monetario. Así, en Francia ya no habría que pagar una contribución para financiar la televisión pública, ni habría tampoco fondos de apoyo, un instrumento que ayuda considerablemente a la producción cinematográfica europea, en la que se incluye las películas francesas. Por ejemplo, entre el 10 y 11 por ciento del dinero pagado por una entrada de cine va a un fondo común: el fondo de apoyo. Este dinero se vuelve a inyectar para la producción de películas francesas, europeas o en las coproducciones, dado que Francia es el primer coproductor de películas extranjeras. Gracias a este modelo, contribuimos a la difusión del pensamiento de argentinos, chinos, taiwaneses, palestinos, israelitas, etc.

El señor Barroso pierde el juicio

Nuestro sistema es al mismo tiempo mutualista y universal, y no antiglobalización, como afirma Barroso, quien parece haber perdido el juicio. Francia coproduce autores y películas de todo el mundo, y las películas francesas y las coproducciones son difundidas por todas partes. Según Barroso, Francia y Europa estarían impidiendo la difusión de películas americanas. Nada más lejos de la realidad. Y aunque en Francia el cine americano ocupa sólo un 42% del mercado, las películas del otro lado del Atlántico gozan de un número de espectadores considerablemente mayor al de otros países como España o Alemania, en que copan paradójicamente el 90% del mercado. No estamos en contra ni de los cineastas ni de las películas americanas, simplemente queremos que se dé también cabida a las producciones de otras nacionalidades.

Nos resulta bastante sorprendente que Barroso nos tache de reaccionarios. Está insultando no sólamente a los artistas sino también al Parlamento europeo (que ha votado, por mayoría, a favor de la excepción cultural) y al Parlamento francés (en que la excepción cultural ha recibido la unanimidad), o a los Lander alemanes. Resulta cuanto menos sorprendente que un diplomático de ese nivel pierda el norte de semejante manera. Se acerca el final de su mandato y en realidad uno se pregunta si sigue todavía representando a Europa.

Las salas favorecen la diversidad cinematográfica

Producir películas sin tener en cuenta laexcepción cultural sería lamentable. A largo plazo, en unos cinco años, los únicos que podrían producir y difundir películas serían los grandes grupos de internet. Nombres como Canal + o Gaumont son demasiado pequeños y acabarían siendo devorados. Los únicos que sobrevivirían en esta situación serían plataformas del tipo Google, Netflix, Facebook, Amazon, Apple. De hecho, éstos persiguen la existencia de un mercado completamente liberalizado, con el fin de controlar toda la producción y difusión mundiales. Estos grupos poderosos acabarían así decidiendo quién tiene derecho a expresarse. Películas como The Artist (Hazanavicius), Intouchables (Nakache et Toledano), Amour (Haneke), ou incluso Le Passé (Fahradi), nunca tendrían la posibilidad de ser proyectadas en una pantalla de cine.

El principio de la excepción cultural es lo que justifica la existencia de contribuciones para el sector audiovisual. En Francia, las cadenas tienen la obligación de invertir en producciones francesas y europeas, y de contribuir a su difusión. Para mis películas, he trabajado con diversas cadenas, como Canal plus o France 3. Para la difusión de películas en salas, contamos también con un mecanismo muy interesante. Por ejemplo, en una multisala con 21 pantallas de cine, no se puede difundir únicamente éxistos de taquilla americanos o franceses. Tienen también la obligación de contribuir a la diversidad mediante la combinación de varias películas de menor difusión.

Sin esto, por ejemplo, nunca habríamos podido ver las películas de Abdellatif Kechiche. Así, la supresión de la excepción cultural acarrearía un empobrecimiento inconmesurable del pensamiento universal, que no puede acabar siendo un puro esclavo del mercado.