En la primavera de 2013, un debate más técnico había generado entusiasmo y había hecho que las discusiones desborden en las radios y los periódicos. Se seguían los pasos de un caso similar, el del Instituto Politécnico de Milán, donde hacía pocos meses se había comenzado a enseñar sólo en inglés a partir del máster. En Francia, la ofensiva se convirtió en un artículo de proyecto de ley sobre la investigación y la educación superior que debía abolir las restricciones opuestas por la “ley Tourbon” al crecimiento de carreras impartidas únicamente en inglés.
Rápidamente, la discusión se transformó en una nueva batalla de Hernani, en una querella entre antiguos y modernos. En algunos casos, los golpes volaron bajo y las opiniones expresadas rozaron la invectiva o el insulto. O se estaba a favor del francés, o del inglés, o se estaba en contra. El debate se volvía confuso. Mientras que la prensa, sobrepasada, no llegaba a ninguna conclusión, el debate parlamentario avanzaba y alcanzaba resultados importantes, sin dudas, pero que todos, o casi todos, ignoran actualmente.
¿Qué se discutía? Muchos creyeron que la discusión se centraba en la necesidad de facilitar la utilización de lenguas extranjeras en la enseñanza. De ninguna manera. En Francia, esto ocurre hace más de cincuenta años, desde la apertura de las primeras secciones internacionales. A nivel europeo, se promovieron las clases llamadas EMILE, que permiten la enseñanza en lengua extranjera de materias no lingüísticas. En estos casos resulta comprensible, ya que la enseñanza de lenguas extranjeras nunca fue perjudicial para la lengua materna (releer a Rabelais). Pero no. La discusión pasaba por saber si se iba a autorizar, para una formación completa, el reemplazo del francés por el inglés en Francia, del italiano por el inglés en Italia, del alemán por el inglés en Alemania, etc. Esa era la apuesta, y los argumentos empleados por los defensores de esta opción no eran más que una cortina de humo.
Pero el Parlamento dijo “no”, con el apoyo de la ministra Geneviève Fioraso, claramente convencida, en el tramo final, por los argumentos que expusieron unos cuarenta diputados de su partido. Si bien el parlamento facilitó el recurso a las lenguas extranjeras, impuso simplemente un límite, para una misma formación, de un 50% del volumen de enseñanza impartida en lengua extranjera sobre el volumen total, e impuso exigencias para la emisión del título, que requiere un dominio satisfactorio de francés. En Italia, durante este tiempo, el proceso siguió su curso.
Universitarios y estudiantes del Instituto Politécnico de Milán lograron que el tribunal administrativo de Lombardía condene la decisión de las instancias de la universidad, que apeló, pero la Corte de apelaciones puso en dudo la constitucionalidad de esta decisión y, por lo tanto, remitió el caso a la Corte constitucional para que se expida al respecto. Su veredicto es reciente. Destacaremos que, según la Corte constitucional, la ley universitaria italiana no podía legitimar la decisión del Instituto Politécnico de Milán. Son muy importantes los argumentos que expone la Corte italiana, señalados por la Accademia della Crusca en su comunicado, publicado en el sitio del OEP.
“La corte escribe que la lengua italiana, en su carácter oficial y, por lo tanto, en su primacía, es vector de la cultura y de la tradición inmanentes de la comunidad nacional, garantizadas por el art. 9 de la Constitución. La progresiva integración supranacional de los sistemas y la erosión de las fronteras nacionales, determinadas por la globalización, pueden poner en peligro esta función de la lengua italiana, aunque no deben recluirla a una posición marginal. Al contrario. La primacía de la lengua italiana no solo es indefectible en la Constitución, sino que se vuelve aún más decisiva para que la transmisión del patrimonio histórico y de la identidad de la República se sostengan en el tiempo, y para que se garantice la preservación y la valorización de lo italiano como bien cultural en sí mismo”.
La Corte afirma también que el “rol central constitucional necesario de la lengua italiana se adquiere en la escuela y en las universidades”. Para la Corte, el objetivo de la internacionalización “debe alcanzarse […] sin perjudicar los principios constitucionales de primacía de la lengua italiana, de igualdad de acceso a la enseñanza universitaria y de libertad de enseñanza”. “Si la disposición objeto del presente fallo se interpretara como que permite a las universidades organizar una oferta de carreras generales que prevea clases enteras impartidas exclusivamente en una lengua diferente al italiano, incluidos aquellos sectores donde el objeto mismo de la enseñanza lo requiere, determinaríamos entonces, sin dudas, un sacrificio ilegítimo de estos principios. De hecho, en primer lugar, el carácter exclusivo de la lengua extranjera excluiría a la lengua oficial de la República, de la enseñanza universitaria y de campos enteros del saber, de manera integral e indistinta. Los objetivos legítimos de la internacionalización no pueden reducir a la lengua italiana a una posición marginal y subordinada dentro de la universidad italiana, y hacer desaparecer la función de vector de la historia y de la identidad de la comunidad nacional que le pertenece, y el hecho de ser, en sí misma, patrimonio cultural para preservar y valorizar”.
También debemos prestar atención a lo que ocurrió en Francia desde que se votó la ley el 22 de julio de 2013. El Ministerio de Enseñanza Superior y de Investigación mostró una pasividad total en la aplicación de la ley. No hizo nada, cuando debió haber indicado a las universidades y establecimientos de enseñanza superior cómo debían integrar la aplicación de la ley al pedido de habilitación. Esto significa que todas las habilitaciones expedidas son virtualmente ilegales. Al parecer, ninguna fue publicada en el Boletín Oficial del Ministerio de Educación. Desde 2013, se siguen abriendo muchas carreras 100% en inglés.
El número de carreras a nivel licenciatura o máster totalmente en inglés era 634 en abril de 2013, 671 en mayo de 2014, 778 en marzo de 2015, 821 en octubre de 2015, 927 en octubre de 2016 y 951 en enero de 2017. Hubo 317 carreras nuevas en cuatro años, es decir un aumento del 50%. Sin embargo, las carreras parcialmente en inglés se desarrollaron rápidamente, pasando de 161 en abril de 2013 a 315 en enero de 2017, o sea 154 carreras nuevas, un aumento del 95,7%. Si se parte de más abajo, el número es aún mayor.
Respecto al conjunto, pasamos de 20,25% en abril de 2013, o sea antes de la ley Fioraso, a 24,88% en enero de 2017. Sin dudas, estamos ante una situación donde el gobierno no aplica lo dispuesto por el parlamento.
Peor. Presionada por el ministerio, la Escuela Politécnica francesa, una de las joyas de la enseñanza superior en Francia, se plegó a los estándares de la comunicación y lanzó nuevas carreras de nivel máster 100% en inglés, generando el entusiasmo del OEP. Desde nuestro encuentro con la dirección de la escuela, sabemos que las cosas son más complejas y que, pese a las apariencias, la escuela no renunció a dos siglos de historia y permanece fiel a su misión de servicio público.
Demostrar el carácter esencialmente mercantil de las carreras 100% en inglés, mostrar la ausencia de productividad intelectual de este tipo de formaciones y el mal servicio que ofrecen tanto a los estudiantes que reciben como a los países que les dan refugio, entender que para algunos países pequeños, alinearse detrás del modelo dominante, el de los Estados Unidos, es un lugar de racionalidad, mostrar también que países como Francia, Alemania o Italia no pueden someterse a dicho modelo, son aspectos del mismo debate que no podemos desarrollar aquí, pero que lo haremos en otras instancias.
Lo importante es que la resistencia se organiza y que la Corte constitucional italiana acaba de enviarnos un fuerte mensaje.
Tomémonos el tiempo para una reflexión profunda, para medir el alcance de los fenómenos a los que asistimos y sigamos la lucha. No es una lucha mediocre. Internacionalización no es inglesización.
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